Lo primero que hay que decir ante esta cuestión es algo evidente pero importante: un gato no es un perro y educarle es, en general, algo más complicado que requiere paciencia y constancia. ¡El comportamiento de los gatos puede ser impredecible! Así pues, ¿cómo hacer que tu gato obedezca? Presta especial atención.
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¿Cómo hacer que un gato haga caso?
Por supuesto los hay más dóciles y más rebeldes, pero para lograr que tu gato te obedezca y asuma una serie de normas básicas para vuestra convivencia tendrás que lograr dos cosas:
- Ganarte su confianza. Su socialización y educación resultarán mucho más sencillas si consigues una buena conexión con tu mascota, de manera que entienda cuándo estás contenta con su comportamiento y cuándo no. Por ejemplo, es importante que sigas ciertos consejos para educar a un gato bebé de manera adecuada. Cualquier tipo de castigo físico o gritos que le atemoricen no solo están fuera de lugar, sino que resultan contraproducentes a la hora de lograr tu objetivo.
- Motivarle. Especialmente en el inicio del proceso de educación, tu gato tiene que estar motivado, de lo contrario, pasará olímpicamente de tus órdenes. Prémiale con unas palabras amables, una caricia o con su golosina favorita cuando obedezca y comprobarás qué rápido aprende cuál es la conducta que le reporta más beneficios.
Ten en cuenta su edad y su carácter. Los gatos bebés no paran de jugar y puede ser complicado que acaten una orden, pero con paciencia, pronto aprenderán lo esencial: muebles prohibidos, lugar donde hacer sus necesidades y donde dormir… Un gato mayor, tal vez adoptado, puede tener malas costumbres adquiridas, pero su ritmo, más tranquilo y sosegado, te ayudará en su reeducación.

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Consejos para que tu gato obedezca
Si tu gato no te obedece, regáñale inmediatamente simplemente con un tono de voz seco y severo. Tu cambio de actitud hará que relacione tu enfado con lo que acaba de hacer. Tienes que ser muy constante y repetir ese ¡No! enérgico cada vez que haga algo mal. También debes reforzar las conductas positivas, repitiendo gestos cotidianos hasta que él los aprenda, por ejemplo, llevarle a su arenero cuando intuyas que va a hacer sus necesidades. Cuando lo haga, prémiale.
En los casos más rebeldes, puedes tenderle una pequeña trampa, como una botella de agua que pueda volcarse al arañar un sofá, o un papel con alguna sustancia pegajosa en la que sus patas queden adheridas al subirse a ese mueble que tiene prohibido… ¡verás como no vuelve!